jueves, 8 de marzo de 2012

COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL, EMPRESARIALES, QUÍMICAS… CAMBIAN LA UNIVERSIDAD POR EL SEMINARIO

ABEL HERNÁNDEZ. 18 AÑOS. LOS REALEJOS
La carrera de Comunicación Audiovisual siempre fue mi meta en la vida. Tenía hechos mis propios planes y durante muchos años trabajé para llevarlos a cabo. Dedicaba mucho tiempo a sacar buenas notas pensando que sería así como podría sentirme bien conmigo mismo. Caminaba mirando al futuro porque quizá no me sentía muy a gusto con mi presente. Y fue así, precisamente, como trabajando por conseguir mi sueño sentí un profundo cambio en mí; el Señor me llamó de repente.
Un buen amigo
me comentó que iba a entrar al Seminario Diocesano y eso avivó una pequeña chispa en mi interior que no podía esconder. Durante mucho tiempo pensé que estaba flipado y que eran paranoias mías: pero Dios no desiste de llamar a los que él quiere, y a mí me estaba llamando a algo más, a entrar al Seminario.
Y aquí estoy, discerniendo mi vocación. Es posible que ahora tenga más responsabilidades, más cosas que estudiar, me levante más temprano y tenga por las mañanas mucho más frio que en mi casa, pero soy feliz. Creo que estoy respondiendo a la llamada del Señor y eso me ha hecho ver que ahora estoy completo, ahora, de verdad, estoy tranquilo. Ha habido un profundo cambio en mí.


FABIÁN LUIS. 21 AÑOS. ICOD DE LOS VINOS.

¿Por qué pasar de las Ciencias Empresariales al Seminario?
Cuando sientes que el Señor -ése que te ha regalado todo lo bueno que posees- te pide que te pongas a su servicio no puedes hacer más que dejarlo todo (todas tus pretensiones particulares) para cumplir su voluntad; y lo más grande de esto: desde la libertad de respuesta.
Siempre estuve ligado a las actividades de la parroquia, grupos de jóvenes... pero,  no es fácil sentir que el Señor probablemente te llama a los veinte años estando a la mitad de una carrera universitaria. Aun así, siempre es mucho más lo que se recibe de Dios, que lo que uno puede dar -así sea entregando tu propia vida-. Actualmente he puesto al servicio del Seminario los estudios que aun estoy terminando
Me gustaría agradecer a todos los que me han ayudado a crecer en la fe: familia, amigos, párrocos... (sería imposible nombrarlos a todos) pero gracias a ellos mi relación con Cristo es cada vez más intensa.


JUAN PABLO VERA MENDOZA. 26 AÑOS. VENEZUELA.
“Ser Sacerdote realmente merece la pena… puedes ayudar a las personas y hacer presente a Jesús en medio del mundo… Pero no para mí… A mí déjenme tranquilo con mis matemáticas y mi química”… Esta era la respuesta que daba a las personas cada vez que me preguntaban si quería ser Sacerdote.
Comencé a estudiar Ingeniería Química en mi país de origen, Venezuela; e hice cuatro años de estudios allí. En el año 2007 llegué a Tenerife a continuar mis estudios, pero debido a varias circunstancias, tuve que hacer de nuevo otros 4 años de carrera en la ULL. Y ahora, después de 8 años de estudios superiores, comienzo otros tantos más en  el Seminario, con miras a ser Sacerdote.
A pesar de tener propuestas de trabajo interesantes y de ser completamente independiente, poco a poco, y con ayuda de Dirección Espiritual comencé a plantearme que el Señor me quería para seguirle. Decidí entonces confiar y entregarme confiadamente a la llamada que Jesucristo me hacía; y así dejaré de construir instalaciones industriales para ayudarle a Él a construir la civilización del Amor.
Soy ahora MUY feliz, mucho más feliz que antes… Quiero dar gracias a Dios por no cansarse de esperarme y por poner en mi camino personas que, a lo largo de mi vida, han hecho posible que hoy esté disfrutando de esta nueva forma de vivir. 


DAVID RODRÍGUEZ. 25 AÑOS. ISLA DE LA PALMA
Me gusta decir que mi entrada al seminario no es el paso de algo malo a algo bueno, sino de algo bueno a algo mejor para mí. Si saber que lo que estaba haciendo era bueno, nadie considera que trabajar y estudiar sea negativo, pero descubrir ayudado por muchas personas y situaciones que Dios me llamaba a un camino que me haría más feliz fue clave para dar el paso, ese es el por qué. Eso no priva de la incertidumbre ante lo desconocido, cómo será el seminario, cómo serán los estudios, cómo será mi primera semana santa en mi parroquia como seminarista, lo entenderán mis amigos…lo aceptarán mis padres. Muchas cosas externas que se pueden superarse en esa clave de saberse llamado y de haberlo experimentado.