jueves, 8 de marzo de 2012

MEDIA HORA PESCANDO

«Media hora pescando»  fue mi primer pensamiento al comenzar la primera meditación, en mi primer día de Seminario. ¿Iba a ser capaz de adaptarme a una vida espiritual a la que no estaba acostum-brado? En un primer momento pensé que no, que sería muy duro hacer el esfuerzo de rezar nada más levantarme o ir a misa todos los días sin excepción. Pensar que estar en presencia del Señor sería un aburrimiento fue una falta de fe, una falta de confianza en el poder transformador de Dios. Al final no resultó ser tan malo como parecía ser…
Ahora, después de varios meses como seminarista, creo que nunca podré agradecerle a Dios lo suficiente, que me haya concedido la gracia de su amistad. Hablando con el Señor he puesto los pies en la tierra, he podido mirar a mi alrededor con otra mirada, he podido ver todo lo bueno que hay a mi alrededor y dentro de mí. No sólo le doy gracias al Señor por haberme ayudado a decir sí, también le doy gracias por no abandonarme a mi suerte, por no dejarme sólo, por estar siempre conmigo: aunque parezca que está muy lejos de mí, sé que Él está tan sólo a una oración de distancia, tan cerca que hasta lo puedo tocar.
Lo que antes me parecía un muermo ahora me parece una gran oportunidad. Estoy muy agradecido al Seminario Diocesano por permitirme vivir una profundísima amistad con Cristo. La oración es la fuente de mi felicidad. El Señor de verdad da el ciento por uno, sólo hay que decirle «sí» y lo que antes parecía que sería media hora pescando, se puede convertir en una oportunidad para dejarse transformar por Alguien que nos está esperando.