miércoles, 23 de diciembre de 2015

LA MISERICORDIA LETRA A LETRA, POR EL PAPA

En su mensaje, el Santo Padre presentó un acróstico de la palabra “Misericordia”, con doce consejos para las personas que trabajan en la Curia Vaticana.

En su discurso, el Santo Padre alentó a los miembros de la Curia a “volver a lo esencial”, con ocasión del Año Santo de la Misericordia y la preparación para la Navidad.

Este tiempo jubilar, explicó, representa para la Iglesia “y para todos nosotros una fuerte llamada a la gratitud, a la conversión, a la renovación, a la penitencia y a la reconciliación”.

“La Navidad es la fiesta de la infinita Misericordia de Dios”, subrayó, recordando las palabras de San Agustín de Hipona.

Francisco explicó que su acróstico compone un catálogo no exhaustivo “de las virtudes necesarias” para quienes prestan servicio en la Curia, así como “para todos aquellos que quieren hacer fértil su consagración o su servicio a la Iglesia”.

Con la letra “m”, el Santo Padre propuso la “misionariedad y pastoralidad” y explicó que “la misionariedad es lo que hace y muestra a la curia fértil y fecunda; es prueba de la eficacia, la capacidad y la autenticidad de nuestro obrar”.

La pastoralidad sana, por su parte, “es una virtud indispensable de modo especial para cada sacerdote” y “es la búsqueda cotidiana de seguir al Buen Pastor que cuida de sus ovejas y da su vida para salvar la vida de los demás”.

Respecto a la letra “i”, Francisco señaló la “idoneidad y sagacidad”. La primera “necesita el esfuerzo personal de adquirir los requisitos necesarios y exigidos para realizar del mejor modo las propias tareas y actividades, con la inteligencia y la intuición”, y advirtió que la idoneidad “es contraria a las recomendaciones y los sobornos”.

“La sagacidad es la prontitud de mente para comprender y para afrontar las situaciones con sabiduría y creatividad”, señaló.

La letra “s” de la palabra misericordia el Santo Padre la asignó a “spiritualità e umanità” (Espiritualidad y humanidad), y explicó que “la espiritualidad es la columna vertebral de cualquier servicio en la Iglesia y en la vida cristiana. Esta alimenta todo nuestro obrar, lo corrige y lo protege de la fragilidad humana y de las tentaciones cotidianas”.

Por su parte, la humanidad “es aquello que encarna la autenticidad de nuestra fe. Quien renuncia a su humanidad, renuncia a todo. La humanidad nos hace diferentes de las máquinas y los robots, que no sienten y no se conmueven”.

El Papa advirtió que “cuando nos resulta difícil llorar seriamente o reír apasionadamente —son dos signos—, entonces ha iniciado nuestro deterioro y nuestro proceso de transformación de ‘hombres’ a algo diferente”.

Francisco asignó la letra “e” a “ejemplaridad y fidelidad”. La primera palabra, dijo, sirve “para evitar los escándalos que hieren las almas y amenazan la credibilidad de nuestro testimonio”, mientras que la fidelidad es requerida “a nuestra consagración, a nuestra vocación, recordando siempre las palabras de Cristo: ‘El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto’”.

La “r” corresponde a “racionalidad y amabilidad”. La racionalidad sirve, explicó, “para evitar los excesos emotivos, y la amabilidad para evitar los excesos de la burocracia, las programaciones y las planificaciones”.

“Todo exceso es indicio de algún desequilibrio, tanto el exceso de racionalidad, como el exceso de amabilidad”, añadió.

El Papa asignó la letra “i” a “inocuidad y determinación”. La inocuidad, dijo, “hace cautos en el juicio, capaces de abstenernos de acciones impulsivas y apresuradas, es la capacidad de sacar lo mejor de nosotros mismos, de los demás y de las situaciones, actuando con atención y comprensión”.

“La determinación es la capacidad de actuar con voluntad decidida, visión clara y obediencia a Dios, y solo por la suprema ley de la salus animarum (salud del alma).

La “c” corresponde a “caridad y verdad”, en el listado del Santo Padre. Estas dos, precisó, son “dos virtudes inseparables de la existencia cristiana: ¿realizar la verdad en la caridad y vivir la caridad en la verdad’. Hasta el punto en que la caridad sin la verdad se convierte en la ideología del bonachón destructivo, y la verdad sin la caridad, en el afán ciego de judicializarlo todo”.

La “o” es de “onestà e maturità” (“honestidad y madurez”), dijo el Papa. “La honestidad es la rectitud, la coherencia y el actuar con sinceridad absoluta con nosotros mismos y con Dios”, señaló, mientras que “la madurez es el esfuerzo para alcanzar una armonía entre nuestras capacidades físicas, psíquicas y espirituales”.

La segunda “r” del acróstico de Francisco corresponde a “respetuosidad y humildad”. El Santo Padre indicó que “la respetuosidad es una cualidad de las almas nobles y delicadas”, y es propia de “las personas que tratan siempre de demostrar respeto auténtico a los demás, al propio cometido, a los superiores y a los subordinados, a los legajos, a los documentos, al secreto y a la discreción; es la capacidad de saber escuchar atentamente y hablar educadamente”.

“La humildad, en cambio, es la virtud de los santos y de las personas llenas de Dios, que cuanto más crecen en importancia, más aumenta en ellas la conciencia de su nulidad y de no poder hacer nada sin la gracia de Dios”, dijo.

La letra “d” fue asignada por el Papa a “dadivosidad”, y subrayó que “seremos mucho más dadivosos de alma y más generosos en dar, cuanta más confianza tengamos en Dios y en su providencia, conscientes de que cuanto más damos, más recibimos”.

“Sería inútil abrir todas las puertas santas de todas las basílicas del mundo si la puerta de nuestro corazón permanece cerrada al amor, si nuestras manos no son capaces de dar, si nuestras casas se cierran a la hospitalidad y nuestras iglesias a la acogida”, advirtió.

La “i” corresponde a “impavidez y prontitud”. Francisco explicó que “ser impávido significa no dejarse intimidar por las dificultades, como Daniel en el foso de los leones o David frente a Goliat; significa actuar con audacia y determinación; sin tibieza, ‘como un buen soldado’”.

“La prontitud, en cambio, consiste en saber actuar con libertad y agilidad, sin apegarse a las efímeras cosas materiales”, dijo y destacó que “estar listos quiere decir estar siempre en marcha, sin sobrecargarse acumulando cosas inútiles y encerrándose en los propios proyectos, y sin dejarse dominar por la ambición”.

La última letra del acróstico, la “a”, el Papa la asignó a “atendibilidad y sobriedad”. El atendible, explicó, “es quien sabe mantener los compromisos con seriedad y fiabilidad cuando se cumplen, pero sobre todo cuando se encuentra solo; es aquel que irradia a su alrededor una sensación de tranquilidad, porque nunca traiciona la confianza que se ha puesto en él”.

“La sobriedad —la última virtud de esta lista, aunque no por importancia— es la capacidad de renunciar a lo superfluo y resistir a la lógica consumista dominante”, indicó.

Francisco subrayó también que “la sobriedad es prudencia, sencillez, esencialidad, equilibrio y moderación. La sobriedad es mirar el mundo con los ojos de Dios y con la mirada de los pobres y desde la parte de los pobres”.

“Quien es sobrio es una persona coherente y esencial en todo, porque sabe reducir, recuperar, reciclar, reparar y vivir con un sentido de la proporción”, aseguró.

El Santo Padre alentó a los responsables de los dicasterios vaticanos y a los superiores a profundizar, enriquecer y completar la lista propuesta, “para que esta sea nuestra guía y nuestro faro”.

Al concluir su mensaje, el Papa recordó que “la misericordia no es un sentimiento pasajero, sino la síntesis de la Buena Noticia; es la opción de los que quieren tener los sentimientos del Corazón de Jesús, de quien quiere seriamente seguir al Señor”.

“Que sea la misericordia la que guíe nuestros pasos, la que inspire nuestras reformas, la que ilumine nuestras decisiones”, exhortó Francisco.